sábado, 10 de diciembre de 2011

Presencialismo vs. Productividad


Con esta crisis económica tan fuerte que estamos viviendo, surgen muchas voces que debaten para buscar diferentes alternativas e ir componiendo los mimbres para solucionar todos los problemas económicos y financieros a los que se enfrenta nuestra generación.

Cierto es que es una crisis muy fuerte, y que es probable que no se solucione con una sola medida “mágica” que acabe con todos los problemas a la vez, parece evidente que la solución está en un conjunto de medidas sociales, económicas, laborales, etc., y que entre todas se reconduzca la situación actual, incluso hay quienes plantean si es el fin del capitalismo y teorías apocalípticas por el estilo (de momento no descartemos nada, recordemos que los economistas interpretamos muy bien el pasado pero como “adivinos” somos una pena).

Lo cierto es que ya hay autoproclamados “gurús económicos” que hablan de que España es uno de los países menos productivos de Europa y que los trabajadores deben arrimar el hombro y dedicar más horas a sus empresas para aumentar la producción.

Lo que normalmente no sigue a esta frase es que España es el país de Europa donde más horas se trabaja, y no sólo hablamos de las horas de contrato (como las que publicó ayer 09/12/2011 el Eurostat), sino que estamos hablando también de horas no regladas, que supuestamente de forma voluntaria el trabajador ya está regalando a la empresa.


Con datos del año 2007, en España un trabajador de media trabajaba más horas reales que cualquiera de sus socios europeos, sin embargo, en países como Alemania, Suecia o Francia se trabajan menos horas y son países con mejores ratios de eficiencia y productividad.

Por tanto, partiendo de que somos el país de Europa que más horas reales trabajamos y menos producimos por cada hora de trabajo, la conclusión es directa: trabajar más en una sociedad occidental desarrollada no es igual a mayor producción, o al menos no se produce igual en las primeras horas de trabajo que en las últimas, por consiguiente la productividad es creciente hasta un determinado número de horas, y a partir de ese punto máximo, empieza a decaer.

Por el lado de la economía general, deberíamos pensar qué pasa cuando el trabajador regala sistemáticamente horas de trabajo a la empresa: directamente hay una evidencia clara, la empresa se ahorra nuevas contrataciones, por lo que se frena el empleo y se reduce la productividad al tratarse de horas de trabajo de baja calidad (como vimos antes).

Para la empresa: se está ahorrando salarios, pues en la mayoría de los casos estas horas se realizan gratis, pues las horas extra no se suelen pagar, y en los casos en que se pagan se hace en “B”, lo cual quiere decir que están libres de impuestos y retenciones. No obstante, algunos costes se incrementan, pues el trabajador no está produciendo igual que en sus horas de trabajo regladas y, por ejemplo, la electricidad de los ordenadores, iluminación, etc., se mantiene al mismo nivel de facturación hasta que el trabajador decide abandonar su puesto de trabajo.

Para el trabajador: disminuye su atención y su precisión, por lo que su trabajo se vuelve de menor calidad con el paso de las horas, pudiendo en determinados empleos tratarse de un peligro para la empresa, sus compañeros y para sí mismo (no tienen los mismos riesgos laborales un administrativo que un trabajador de la construcción), el paso del tiempo y el cansancio acentúan los errores. El trabajador pierde calidad de vida y la posibilidad de conciliar su ocupación con el descanso, familia, ocio, etc., con lo que en las sucesivas jornadas laborales se encuentre desmotivado y sin interés en su quéhacer diario.

Pero entonces, ¿qué falla en estas empresas Españolas que valoran más el presencialismo que la eficiencia?

La respuesta es sencilla, falla lo que ha fallado siempre: por un lado la capacidad de inversión e innovación de la empresa española y la falta de confianza de los mandos en sus empleados.

Históricamente, de forma errónea, el empresario ha considerado la inversión como un gasto, y si un empleado ocupa 10 minutos en ejecutar una operación con determinada maquinaria o equipo, y con nuevas herramientas o maquinaria se tardan 7 minutos, el empresario suele desestimar la inversión por considerarlo un gasto, sin embargo no valora si antes en 20 minutos se hacían 2 operaciones, ahora en el mismo tiempo se pueden hacer 3. No se realiza un análisis serio de los ingresos esperados y costes de la inversión. Por ello, competir al avance tecnológico con horas de trabajo, conduce a una falta de competitividad y productividad.

Paralelamente está la falta de confianza de los directivos en sus plantillas, a las que piensa que debe someter a un estricto control y cumplimiento de horarios, así como fomentar la cultura de que sea mal visto por el resto el empleado que se va a su hora y no dedica tiempo extra a su trabajo. Sin embargo, el directivo no analiza si ese trabajador ha terminado todas sus tareas diarias con los niveles de calidad requeridos, y acaba valorando más al empleado que “echa” horas en la empresa, aunque finalmente su producción sea igual o peor que la del trabajador que cumple estrictamente con su horario. A esto debemos añadir, que el jefe o directivo no suele valorar o dar por buenas las ideas y aportaciones de los empleados para la mejora de los procesos productivos o de gestión, o al menos escucharlas, cuando son los que normalmente están al “pie del cañón”.

Esto es el presencialismo que vivimos. Sobretodo en empresas donde las tareas son administrativas, se dice que una persona trabaja mucho porque pasa muchas horas en su centro de trabajo, pero nos deberíamos preguntar cuál es ese ritmo de trabajo.

Por experiencia en la gestión de equipos (y estamos hablando del trabajador medio, siempre hay excepciones) he podido comprobar que aquellos trabajadores que sistemáticamente prolongan su jornada laboral, acaban reduciendo su ritmo de trabajo porque ya cuentan con el tiempo extra que van a dedicar fuera de la jornada, por lo que no incrementan su producción, tan sólo dedican más tiempo para hacer aproximadamente lo mismo a un ritmo más bajo.

Sin embargo, aquellos trabajadores que cumplen su jornada, trabajan a un ritmo superior, están motivados por terminar sus obligaciones en el tiempo y forma requeridos para poder salir a su hora y continuar con su vida fuera de la oficina o en la fábrica, no pierden tiempo, se entretienen menos, en definitiva, acaban siendo más productivos.

Además, este último tipo de trabajadores, si en un momento puntual tienen que dedicar algo de su tiempo a la empresa, lo hacen a un ritmo superior que aquellos que vienen haciéndolo sistemáticamente, pues no tienen ese “desgaste” del que ya adolecen los que prologan diariamente su jornada.

Caso aparte es el de los trabajadores que no cumplen con las expectativas y ritmos de producción establecidos y encima se van los primeros. En este caso el empresario debería analizar la situación: el trabajador, ¿está motivado? ¿por qué se da esa baja productividad? ¿qué niveles tienen otros empleados en las mismas horas trabajadas? Nos podríamos llevar sorpresas. Es posible que estemos ante un caso en el que los niveles de producción requeridos son muy altos para las horas de trabajo, por lo tanto es imposible conseguir esa producción en las horas contratadas ya que el objetivo está mal fijado. O por el contrario, tengamos un caso de un trabajador improductivo, que necesita mayor formación, motivación, etc., que sólo se descubre a través de una entrevista personal entre el trabajador y el jefe y realizando un seguimiento posterior.

Finalmente, le quiero provocar una pequeña reflexión al lector: ¿por qué crees que en España el porcentaje de teletrabajadores representa el 8% mientras que en los países nórdicos es de un 17% aproximadamente? Supongo que después de haber leído el resto del post tendrás una idea.

Como conclusión, creo que en general hay una cantidad importante de “supuestos buenos trabajadores” que se “pasan el día” en la empresa, y muchos trabajadores responsables y eficientes que cumplen de forma estricta con su jornada. No es oro todo lo que reluce. Valoremos el trabajo de los demás por su producción por hora trabajada, ahondemos en el concepto de eficiencia y productividad, analicemos la “objetividad del objetivo” de producción y recordemos que un trabajador contento y motivado suele ser un trabajador productivo y con capacidad para aportar nuevas ideas a la propia empresa, y eso si que es producción de valor añadido.

Mr. Fahrenheit

6 comentarios:

  1. Me ha llamado mucho la atención tu dato del porcentaje de teletrabajadores, realmente es mucho mayor de lo que nunca hubiera imaginado.

    Creo que el motivo de esas diferencias es que en España somos un pais donde un gran porcentaje de los trabajadores lo hace en la industria, donde obviamente no se puede teletrabajar. El peso de los servicios profesionales, especialmente aquellos más propensos al teletrabajo, es relativamentebajo frente a otros paises

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  2. Gracias Enrique por tu comentario, además de ser interesante la explicación que aportas, me ha permitido profundizar un poco más en la estructura económica de estos países y en el teletrabajo que en mi post tocaba de manera muy lateral.

    Aporto los siguientes datos:

    El PIB español, por sectores económicos se compone de aprox. (teletrabajadores 8%, aprox.):
    3% Agricultura y pesca
    30% Industria y construcción
    67% Servicios

    El PIB en Finlandia es (teletrabajadores 17%, aprox.):
    3% Agricultura y pesca
    31% Industria y construcción
    66% Servicios

    El PIB en EEUU (teletrabajadores, 20% aprox.):
    1% Agricultura y pesca
    20% Industria y construcción
    79% Servicios

    Viendo estos números, creo que el teletrabajo, como bien dijiste depende en parte de la estructura de los sectores de actividad, pero en buena medida de la capacidad de innovar dentro de cada uno de ellos, puesto que en muchas empresas hay puestos que no requieren de la presencia del trabajador, como puede ser algunos puestos administrativos, financieros, comerciales, supervisores, analistas de datos, contables, etc., pero evidentemente hay otros que tienen que estar a "pie de pista".

    Lo cierto es que en españa ha crecido mucho el número de teletrabajadores, pues en 10 años ha pasado del 3% al casi 8% actual, aunque me pregunto si la subida de este ratio tiene que ver con aumento de teletrabajadores o bien por la reducción de puestos de trabajo a consecuencia de la crisis. Profundizaré también en este apartado.

    Si te ha interesado el tema del teletrabajo, buceando en el asunto he econtrado estos dos interesantes artículos (no son míos):

    http://sociedadinformacion.fundacion.telefonica.com/DYC/SHI/seccion=1188&idioma=es_ES&id=2009100116300004&activo=4.do?elem=106

    http://www.ucm.es/info/ec/jec9/pdf/A05%20-%20Luis,%20Pilar%20de,%20Mart%EDnez,%20%C1ngel,%20P%E9rez,%20Manuela%20y%20Vela,%20M.%20Jos%E9.pdf

    Un saludo y gracias por tu valiosa aportación.

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  3. No estoy tan de acuerdo con Enrique. Creo que si no hay más teletrabajo es pro la falta de confianza de los empresarios en los trabajadores que no pueden controlar o supervisar. Tenemos una cultura de encerramiento en la oficina. Contras más horas encerrado, mejor trabajador eres, y como bien dices, mejor si haces horas extra (aunque te hayas pasado 4 horas del día tocándote las narices y lleves retraso por tu culpa).

    A día de hoy, mi opinión es que las empresas se mueven por los rumores, por los comentarios y por las apariencias (este es simpático, es buen jefe, este otro se queda hasta más tarde, es mejor trabajador), pero no se mira la eficiencia.

    Déjame recomendar una solución que hemos aplicado nosotros para estos casos. Se llama WorkMeter, y es un software que mide la productividad de los que utilizamos ordenador para trabajar, ya sea en la empresa o en casa. el programa crea un perfil productivo para cada uno, y así cada empleado sabe cómo ha utilizado su tiempo, y puede mejorar sus hábitos y gestión de tiempo.
    Para la empresa, son datos de supervisión interesantes, que permiten detectar procrastinación, dejadez, falta de motivación, y horas extra (y ver si eran necesarias o son por acumulación de trabajo).
    Además, permite que se teletrabaje, porque ayuda al trabajador a organizarse, y a la empresa a supervisar a toda esa gente que no está presente.

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  4. Gracias por tu comentario Alberto.

    Coincido contigo en que el empresario/directivo español confía en media poco en sus equipos, de hecho en las grandes empresas encontramos situaciones paradójicas, y tenemos más "hay más Jefes que Indios".

    Sin embargo el problema de esta desconfianza, entre otros factores, puede deberse a una falta de "coaching" de los directivos/empresarios hacia sus empleados, o lo que es lo mismo una tutorización pobre del equipo, no se sabe delegar, ni establecer patrones de trabajo y por supuesto no se cede cierta responsabilidad para que el trabajador pueda aportar soluciones o ideas propias que redunden en mejoras de procesos, procedimientos, etc.

    Evidentemente, faltando todo esto, dificil es que el empresario invierta dinero en innovar, cuando tiene un prejuicio previo por el que piensa que la inversión no será rentable porque sus trabajadores no son responsables ni tienen capacidad para sacar partido a la inversión.

    Por último, omo nota del software que me recomiendas, lo intentaré probar o ver en funcionamiento, y prometo decirte algo.

    Un saludo!

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  5. Pues lamento de veras discrepar con casi todo lo expuesto, salvo un par de párrafo del Mr.Fahrenheit en los que estoy totalmente de acuerdo, y relativos a la bajada de rendimiento precisamente porque el trabajador ve, cada día, un umbral horario "largo", con lo que su ritmo de trabajo es menor.
    Sin embargo, por un lado parece que el empresariado español es, a la vista de los comentarios, un símil del cazador "negrero" del siglo XVIII; o bien que no sabe, o no quiere que su empresa sea productiva.
    Antes de nada una pequeña observación. La palabra presencialismo no existe en nuestro diccionario, y aunque dando por hecho que Mr. Fahrenheit utiliza tal expresión para indicar que el empresario prefiere que el trabajador esté en su puesto de trabajo, en la propia empresa, antes que trabajar fuera de ella, resulta bastante "torpe" el intento de concluir, a modo de epitafio, que el teletrabajo es solución a parte de los problemas.
    Un poco de seriedad. A nada que se verifique la información sobre la implantación de nuevas tecnologías en cada país, el acceso a redes de alta velocidad, la mayor o menor tecnificación de cada sociedad o, simplemente, el tiempo de unos países u otros, podemos comprobar que las comparaciones con países como Finlandia o EEUU no son ejemplos válidos; veamos:
    - Finlandia, 15,5 habitantes por kilométro cuadrado.
    - Tiene poco más de 5 millones de habitantes.
    - En invierto tienen temperaturas entre los -25º en el sur, y los -40º del norte.
    - Es uno de los 10 países del mundo más ricos en renta per cápita (España está más allá del puesto 30)
    - Es una sociedad altamente industrializada (en torno al 68% de su actividad total frente, por ejemplo, a España que es de sólo el 16,25%.

    Y si hablamos de la economía americana (mejor lo dejamos sin más comentarios).
    Por tanto, el que estos países tengan una mayor tasa de teletrabajo no sólo es razonable sino, a la par, casi necesario, tanto por las distancias -en términos de longitud- como en cuanto a las otras consideraciones analizadas. Ello no supone, ni presupone, que nuestra querida España tenga su maltrecha economía pendiente de "malos" empresarios, ni tampoco que los trabajadores sean indisciplinados o poco productivos (habrá de todo, como en botica). Es un problema complejo, que no puede resolverse de forma sencilla, ni desde luego con la mínima conjetura de que la presencia o no en los puestos de trabajo es mejor o peor.
    Mi impresión, tras más de dos décadas dentro del mundo de los recursos humanos, valoración de puestos de trabajo, etc., es que nuestra cultura es claramente diferente a la anglosajona, mucho más si hablamos de los sucesores de los otomanos y carolingios.
    Es obvio que estamos cambiando, poco a poco, y acercándonos más a la "cultura" laboral europea, pero no perdamos de vista que empresarios y trabajadores se "amoldan" a la mayor comodidad de los mismos, de ambos, de los dos, así que no echemos la culpa a unos u otros; tan malo es un empresario miope como un trabajador renuente.

    En fin, no pretendo crear polémica, solo mostrar mi opinión al respecto.

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    1. Buenas tardes Luismi, no lamentes discrepar, del debate surge el enriquecimiento de las ideas.

      Primero, y antes de nada, agradecerte tu comentario, opinión y aportación, para mi es suficiente pensar que el post te haya motivado a escribir una buena crítica.

      Por otro lado he de decir que después de 375 lecturas que lleva acumuladas este artículo, agradezco una opinión discrepante, y más si cabe un punto de vista desde la experiencia del área de Recursos Humanos.

      La idea del post no es poner a los empresarios como "negreros", al contrario, son el motor de la economía, sin embargo no es de recibo la extralimitación en los horarios de los empleados, puesto que si a un trabajador se le paga por unas determinadas horas, no tiene sentido trabajar más gratis (las horas extra es un término comúnmente en desuso, al menos en trabajos administrativos y comerciales).

      Alguien puede decir que esto es profesional, pero nadie piensa que es profesional ir a la estación de servicio con su coche, pagar por 30 litros y que te pongan otros 10 gratis; trato de enfocar que en general trabajamos de más y gratis.

      Profesional es el que cumple con su trabajo y productivo es el que lo hace además de profesionalmente consumiendo los menores recursos posibles de la empresa, entendiendo por "recursos" todo aquello que la empresa pone a disposición del trabajador, incluido el tiempo, que es dinero.

      Por otro lado quería criticar la "costumbre" que están adquiriendo algunos trabajadores, con mayores o menores responsabilidades, de trabajar fuera del horario laboral, especialmente en aquellos casos donde realmente no se produce más, sino que producen lo mismo que otros empleados, con la salvedad de que éstos realizan las mismas tareas consumiendo horario laboral y extra-laboral.

      Entiendo que es difícil buscar espejos en los que compararse, pero como siempre me decía un buen jefe que tuve hace muchos años: "no dejes que la mediocridad marque tu nivel de exigencia", por tanto, fijémonos en las mejores economías si queremos algún día parecernos en algo a ellos, eso sí, por favor, cojamos lo bueno, no lo malo.

      Por último, estoy contigo, el teletrabajo no soluciona todos los males de la economía y la productividad, pero ayudan, y es un dato que sacaba a relucir como indicador de la madurez de nuestro sistema y de los empresarios que optan por este sistema cuando tienen la suficiente confianza en sus plantillas.

      Un saludo!

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