En más de una ocasión hemos comentado y leído acerca de
formas de ahorrar de una manera activa: reciclando, dosificando el uso de
productos y servicios, controlando nuestros impulsos compulsivos de
consumidores, etc.
Pero además de los mil y un consejos que podemos dar y
recibir, aprender, investigar y poner en práctica para reducir y economizar
nuestros gastos hay uno que es de sentido común, la observación.
Os voy a poner tres ejemplos sencillos, con los que todos entenderéis lo que quiero decir:
1 1. Vamos al supermercado “X” porque vemos que hay
una oferta, la verdad que es una muy buena promoción (la que sea: un dos por
uno, el segundo a mitad de precio, descuento del 20%, …), pero la oferta que
vemos tan interesante en el expositor de los productos, cuando vamos a pagar,
no nos la aplican en nuestra factura, ¿por qué? Pues en ocasiones, la
codificación informática de la oferta no se ha realizado correctamente, de tal manera
que los precios que vemos en los carteles y etiquetas no se corresponden con lo
que finalmente nos cobran en la factura.
Evidentemente, hay una gran mayoría de
consumidores que no prestamos atención a la factura, ni la revisamos, se nos
pasa por alto, puesto que confiamos “ciegamente” en que si el cartel decía “el
segundo artículo a mitad de precio”, nos van aplicar exactamente la oferta,
pero, si no andamos con cuidado, en más de una ocasión habremos sido víctimas
de un curioso “error informático” que beneficia a la gran superficie en
detrimento del consumidor.
Aprovechando este ejemplo, tened cuidado también con aquellos supermercados o grandes superficies cuando al llegar a caja y cobrarnos por varios artículos iguales, multipliquen manualmente en vez de pasarlos uno a uno por el lector de códigos de barras, pues en alguna ocasión lo que eran "3" packs de leche se han convertido en "33"... ¡mucha atención!
2. Nos vamos en familia al restaurante “X”, somos
muchos, es una celebración, cena, almuerzo, con amigos o familia, unos piden al
maitre o camarero por un lado, otros por otro, total, que al final realmente no
sabemos lo que ha pedido el resto de comensales. Llega la hora de pagar, nos
ponen la cuenta sobre la mesa, y a pagar.
También en estos casos, en más de
una ocasión, al revisar la cuenta me he encontrado con alguna sorpresa: una
botella de vino de más, un par de cañas que nadie pidió, una ración que nadie
comió o refrescos y postres desconocidos.
La mayoría pasamos esto por alto,
pagamos sin cuestionarnos el detalle, o dividimos la cuenta y a pagar. Hay que
mirar esto bien, no pasa en todos los establecimientos, pero ocurre. ¿Es
frecuente? No diría tanto, pero por error, despiste, o mala fe, en más de una
ocasión he tenido que hacer rectificar la cuenta en un restaurante, incluso en
una cena o almuerzo con 2,3 ó 4 comensales.
3. Último ejemplo: llega el momento de cambiar los
neumáticos de nuestro coche. Por aquello de que es relativamente nuevo, lo
llevamos al taller del concesionario oficial, pues nos han atendido muy bien en
las revisiones periódicas. Nos dicen que tienen una muy buena oferta, y que por
un precio muy asequible nos realizan el cambio, de hecho nos confirman el
precio de cada neumático, y es realmente competitivo.
Les dejamos el coche, y cuando volvemos a
recogerlo: ¡oh, sorpresa! La factura se ha multiplicado por dos, ¿cómo es
posible? Esto se debe a que el taller nos ha informado del precio del
neumático, pero no nos han dicho nada sobre la mano de obra, ni del
alineamiento, el no sé qué del eje, etc. Por tanto, en estos casos, lo mejor es pedir un presupuesto
previamente pues lo que inicialmente iba a ser una ganga, podemos “acabar
pagándolo con un riñón”.
En fin, el ahorro no es sólo cuestión de realizar acciones
concretas sobre determinados gastos o hábitos, sino también cuestión de
observar y controlar lo que ya hemos realizado, podemos aprender mucho de
nuestras facturas y de realizar una correcta lectura de las mismas. Por ello,
siempre os recomiendo quedaros con las facturas, leerlas y sacar alguna
conclusión, pues la experiencia y aprender de nuestros errores puede ser tan
importante como cualquier acción directa sobre nuestros gastos y hábitos de
consumo.
Mr. Fahrenheit
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Buenas!! Que razón tiene Mr Fahrenheit, no hay mejor manera de ahorrar unas pelas que la observación sobre los gastos, viendo si de verdad son necesarios o no,si nos lo han aplicado bien, si tenemos que cambiar de super, compañía etc... y es que con lógica, sentido común y sin excesos, nuestras pequeñas economías pueden aguantar el tirón.
ResponderEliminarhttp://nuestroturnodepalabra.blogspot.com.es/
Un saludo.
Gracias Marcelo, por la lectura y comentar. Aprovecho para recomendar el blog "Nuestro Turno de Palabra", con interesantes artículos de opinión sobre la actualidad.
EliminarUn saludo!