miércoles, 6 de junio de 2012

¡Cerramos!: La Empresa Familiar

El tejido empresarial está conformado por innumerables negocios de todo tipo, en diferentes sectores y con empresas de diferentes tamaños. Sin embargo, es la pequeña empresa la que soporta en mayor medida la creación de empleo, así , en el período comprendido entre 2002 y 2010, la pequeña empresa soportó el 85% de la creación neta de nuevos puestos de trabajo en la UE.

Por contra, son estas empresas nuevas, las que tienen más altas probabilidades de sucumbir en sus primeros años de vida, de hecho, prácticamente el 80% de ellas no llega a los 5 años y casi el 90% no llega a los 10 años de vida, siendo el promedio en España de 10,3 años y de 12,5 años la media europea.

En el conjunto de estas pequeñas y medianas empresas (PYME's), es muy importante la figura de la empresa familiar:


Si en nuestro negocio participamos nosotros solos, o bien con nuestra pareja o algún familiar, y las cosas van caminado en la senda correcta, la prosperidad del negocio nos hará plantearnos en un momento dado la necesidad de crecer y ampliar miras, por tanto será el momento en que nos decidamos a contratar personal. Es un momento importante, y posiblemente, según el grado de cualificación que necesitemos, es normal que optemos por contratar en nuestro ámbito familiar: hijos, hermanos, sobrinos, etc.

La empresa familiar suele reunir un número importante de personas del núcleo de la propia familia. De por sí esto no es ni malo ni bueno, pues lo importante es que se trate de personas cualificadas para las tareas que deben desempeñar. Posiblemente tenga ciertos inconvenientes, como la influencia de las relaciones personales en las decisiones profesionales; y, también, tiene sus ventajas, como la confianza mutua o la sensación de pertenencia a un proyecto familiar común, así como la involucración en el mismo.

Por consiguiente, la contratación en el entorno familiar no debe ser de por sí negativa, tiene sus cosas buenas y malas, como casi todo. Realmente los problemas de supervivencia de la empresa familiar surgen en la sucesión.

Normalmente son las 2ª y 3ª generaciones las que se suelen "cargar" literalmente los negocios. Pensemos por un momento que fundamos una empresa, como empresarios tomamos todas las decisiones según nuestra voluntad y parecer. Pasado el tiempo, el negocio sigue yendo viento en popa, tenemos hij@s, supongamos que 3, con el tiempo los introducimos en la actividad, les vamos dando responsabilidades y llega el momento de jubilarnos, damos un paso a un lado y dejamos todo el negocio en manos de ellos.

Esos 3 hij@s tienen parejas y más hij@s a su vez. Aquí empiezan los conflictos: roces entre hij@s y parejas, envidias, celos, rencores, (¡qué malos somos!), etc., los nietos también entran en la empresa, se llevarán mejor o peor, pero ya la toma de decisiones empieza a ser complicada, todos quieren su cuota de poder, y al fin y al cabo, todos tienen igual derecho por sucesión hereditaria.

A pesar de los más que probables problemas en la gestión derivados del mal ambiente familiar, si la empresa es potente, es decir, tiene una buena cuota de mercado, una imagen apreciada, un producto con buena salida en el mercado, buenas instalaciones y un equipo profesional (no familiar) capacitado, la empresa puede sobrevivir.

Las posibilidades de supervivencia, fundamentalmente vendrán de tres opciones:

1. La profesionalización de la empresa: esto se traduce en que los herederos, en reunión del consejo de administración, dejando de lado las rencillas personales, deben llegar a un acuerdo para contratar a un gerente, el cual tenga plenos poderes en las decisiones empresariales. De esta manera, toda la toma de decisiones pasará por este gerente, se le retribuirá adecuadamente y se le otorgará un plus variable en función de los beneficios, facturación y costes de cada ejercicio, ya que es la manera de dirigirle al objetivo de maximización de los beneficios. También se puede realizar una ampliación de capital para que el nuevo gerente se involucre accionarialmente, de tal manera que participará de los beneficios al igual que los herederos/accionistas de la sociedad. Con esta solución, los propietarios no interferirán en el día a día de la empresa, y pasarán a tener una retribución en función de los beneficios que se devengarán vía dividendos.

2. Adquisición del negocio por parte de uno de los herederos: siempre hay algún    accionista/heredero que desea quedarse con la empresa, al tiempo que hay alguno que está deseando vender y salirse del negocio familiar. En esta situación, el que compra tiene que estar muy seguro de su capacidad para llevar las riendas de la empresa y enderezar el rumbo de la misma, en caso contrario, perderá mucho dinero en el proceso de compra y en su saneamiento.

3. Venta a terceros: si como dijimos anteriormente, el negocio tiene el potencial adecuado y el problema viene de una confrontación entre los propietarios, es decir, una gestión inadecuada, es posible que aparezca un comprador externo con interés en tomar el control de la sociedad, pues entiende que el precio es razonable y que con la gestión adecuada la rentabilidad de la inversión puede ser interesante. En ocasiones esta compra tiene lugar por la propia competencia (para ganar cuota) o bien por empresas que pueden obtener sinergias con la compra (por ejemplo, a una ganadería le podría interesar comprar una empresa de piensos). Es posible que alguno de los socios no quiera vender, pero al comprador le vale con acceder a un 51% del accionariado.


No todas las empresas acaban mal en las generaciones posteriores al fundador, pero sí es el caso de la mayoría de ellas; es curioso como la estructura empresarial necesita de una jerarquía, lo cual no quiere decir que se deba adoptar un estilo autoritario, al contrario, una cosa es el organigrama y otra el modelo de liderazgo, pero sí se precisa de una estructura en la toma de decisiones, donde hayan niveles de decisión y la referencia de un líder claro.


La dilución de poder dentro de la empresa hace que la toma de decisiones sea confusa, que los objetivos empresariales se desvíen, que se abuse de los recursos de la empresa, los empleados se desmotiven ante un clima laboral complicado, etc.


En fin, si tenéis una empresa familiar y las cosas van bien, enhorabuena, pero id atando los cabos de la sucesión si no queréis ver como todo vuestro trabajo y empeño de años de esfuerzo, se ve truncado por disputas familiares.



Mr. Fahrenheit

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